Avena (Avena sativa):
La avena es uno de los ingredientes dermocosméticos con mayor respaldo científico para el cuidado de pieles sensibles y reactivas. Rica en beta-glucanos, lípidos, proteínas y avenantramidas, ejerce una potente acción calmante, antiinflamatoria y antipruriginosa, ayudando a reducir enrojecimiento, picazón y sensación de tirantez. Contribuye a restaurar y fortalecer la barrera cutánea, disminuyendo la pérdida transepidérmica de agua (TEWL) y mejorando la hidratación y elasticidad de la piel. Su alta tolerancia la hace ideal para piel seca, sensible, con tendencia atópica o comprometida.
Miel:
La miel es un activo natural con destacadas propiedades humectantes, antioxidantes y protectoras. Su capacidad higroscópica ayuda a atraer y retener la humedad en la piel, favoreciendo una hidratación profunda y sostenida. Contiene enzimas, aminoácidos y compuestos fenólicos que apoyan la regeneración cutánea y contribuyen a mantener la piel suave, flexible y confortable. Además, posee una acción antimicrobiana suave, que ayuda a preservar el equilibrio de la microbiota cutánea y a proteger la piel frente a agresiones externas.
Caléndula (Caléndula officinalis):
La caléndula es ampliamente utilizada en dermocosmética por su alta concentración de flavonoides, carotenoides y triterpenos, compuestos reconocidos por su acción calmante, reparadora y antiinflamatoria. Favorece la regeneración de la piel, ayudando a aliviar irritaciones, rojeces y pequeñas sensibilizaciones cutáneas. Su uso continuado contribuye a mejorar la tolerancia y el confort de la piel, siendo especialmente beneficiosa en fórmulas destinadas a piel delicada, seca o sometida a estrés ambiental.


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